lunes, 15 de agosto de 2011

Soñé que era muy niño, que estaba en la cocina...

Hoy de pronto recordé un antiguo poema que mi padre recitaba algunos días, del un Escritor Chileno de nombre Diego Dubblé Urrutia (1877-1967).
El sólo hecho de recordar el primer párrafo, me remonté a hermosos recuerdos de cuando yo era un niño, cuando existía mi padre y mejor amigo. 
Esto me dejó nostálgico y con un grado de pena, ya que de eso ya van muchos años y el tiempo implacable avanza a pasos apresurados por mi vida, lo que me recuerda lo ingrato que he sido con quienes fueron quedando en el camino, abuelos, Tíos, padre y amigos, de quienes en lo más profundo de mi corazón se encuentran forjados sus recuerdo y el enorme amor que sentí por ellos.
Por ellos y los que aún están a mi lado, quiero compartir este poema:

"EN EL FONDO DEL LAGO" * Diego Duble Urrutia.

Soñé que era muy niño, que estaba en la cocina
escuchando los cuentos de la vieja Paulina.

Nada había cambiado: el candil en el muro,
el brasero en el suelo y en un rincón oscuro
el gato, dormitando. La noche estaba fría
y el tiempo tan revuelto, que la casa crujía...

Se escuchaba a lo lejos ese rumor de pena
que sollozan las olas al morir en la arena,
y a intervalos más largos esos vagos aullidos
con que piden auxilio los vapores perdidos.

Nosotros, los chiquillos, oíamos el cuento
sentados junto al fuego, y como entrara el viento
por unos vidrios rotos, su frente medio cana,
la vieja se cubría con su charlón de lana.

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Era un cuento muy bello:
Tres príncipes hermanos,
que se fueron por mares y países lejanos
tras la bella princesa, que la mano de una hada,
en un lago sin fondo mantenía encantada.

El mayor, que fue al norte, no regresó en su vida;
el otro, que era un loco, pereció en la partida;
y el menor, que era un ángel por lo adorable y bello,
llegó al fondo del lago sin perder un cabello...

Allá abajo, en el fondo, vio paisajes divinos,
castillos encantados de muros cristalinos,
y en un palacio inmenso, de infinita belleza,
encerrada y llorando, vio a la pobre princesa.

Se encontraron sus ojos, se adoraron al punto
y lo demás fue cosa de poquísimo asunto,
pues al verlos tan bellos como el sol y la aurora,
el hada, que era buena, los casó sin demora.




-Así acabó la historia de aquella noche... El gato
se despertó gruñendo, desperezóse un rato
y se durmió de nuevo. Zumbó las ventolina
en el cañón, ya frío, de la vieja cocina...

Se levantó un chicuelo y sin hacer ruido
enhollinó la cara de otro chico dormido...

Yo, me quedé soñando con el príncipe amado
por la bella princesa, con el lago encantado
y también con los tristes y apartados desiertos,
donde duermen los huesos de los príncipes muertos.


* Diego Duble Urrutia
Escritor chileno 1877-1967

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